MES DE MAYO… MES DE MARÍA. DÍA VIGECIMOSEGUNDO.
MODO DE CELEBRAR EL PIADOSO EJERCICIO
Si es posible, se reza la tercera parte del Santo Rosario, con misterios cantados. Después de la Salve.
Por la señal. . .
Acto de contrición. . .
Oración Preparatoria
Estamos a tus plantas, ¡oh dulce Madre Nuestra! Venimos a admirar tu excelsa dignidad y tus privilegios; a ensalzar tu nombre mil veces bendecido: a estudiar tus virtudes incomparables para alabar a Dios que te llenó de gracias y pedirte tu ayuda misericordiosa a fin de imitarte.
Queremos recrearnos en tu grandeza, en tu hermosura, regocijarnos en tus bondades, quedar más y más embriagados de tu dulzura y de tu amor.
Somos indignos de estar en tu presencia; pero eres buena y perdonarás nuestro atrevimiento.
Si el pecado nos impide llegar hasta tí, aborrecemos el pecado con todo nuestro corazón y lo detestamos con todas nuestras fuerzas.
Ilumina, purifica, enciende, consuela nuestras almas.
Tuyas son, te pertenecen, te aclaman y quieren amarte durante toda la eternidad.
Muéstranos tu vida angelical, tus virtudes, tus excelencias y tus bondades.
¡Oh augusta Madre de Dios!, te alabamos, te bendecimos y te glorificamos.
¡Oh Madre tierna de los hombres! te suplicamos nos consigas el remedio de todas nuestras necesidades, la gracia santificante y la perseverancia final.
Queremos vivir sirviéndote, morir amándote y estar en la eternidad cantando en tu comparsa las misericordias del Señor. Amén.
MEDITACIÓN. —MARÍA, AMPARO EN LAS TENTACIONES.
Punto primero. —La Virgen venció a Satanás. Por eso es defensora segura en las tentaciones. Cuando ve el demonio que protege a un alma su Vencedora Inmortal, huye aquél despavorido. El mundo nada puede en contra de los verdaderos devotos de María. La carne no es capaz de hacer naufragar a quienes están bajo el mando de la Doncella Inmaculada. (Breve pausa.)
Punto segundo. —Nos libra la Virgen de caer en las tentaciones:
a) obteniéndonos la gracia del Señor;
b) infundiéndonos fuerza para resistir;
c) rodeándonos de circunstancias propicias para no caer. (Breve pausa.)
Punto tercero. —¿Cuál es tu conducta en las tentaciones? ¿Te expones voluntariamente a la ocasión? ¿Vas para delante o par a atrás en el camino de la virtud? (Breve pausa.)
Fruto. —No consentir las tentaciones ni buscarlas.
Aspiración. —Vencedora de la serpiente infernal, ayúdame a triunfar del demonio, del mundo y de la carne.
Lectura. —La mejor Oración.
Si el Padre Nuestro, el Ave María, la Salve y la Letanía son las piedras milenarias que forman el palacio escultural de María, si tales son las cadencias que, armonizadas, componen la gran ópera de la Virgen Santísima, ¿no es cierto que el todo excede, en beldad y donosura, a los constitutivos aislados?
En el Rosario hablamos el lenguaje de la Iglesia, de los santos, parodiamos a los ángeles, proferimos las mismas palabras de Jesucristo: ¿se puede decir más? No es posible hablar más sabia y piadosamente, no hay oraciones ni más altas ni más profundas, ni más tiernas.
Con razón ha obrado maravillas inauditas la práctica dominicana: el Rosario.
ORACIÓN: A Ntra. Sra. de Ocotlán.
Tu bondad sin límites ha derramado muchos beneficios sobre los que se han acercado a tu s altares.
Este santuario cuenta las maravillas de tu protección y es monumento perdurable de tu ayuda siempre pronta y eficaz.
Las generaciones que fueron, los devotos que, a millares, han acudido a tí, son testigos de tu inmensa generosidad, ¡oh Señora de los Cielos!
Mira a este pecador ingrato que gime a tus plantas. Aunque rebelde y criminal, soy tu hijo. Creo en tu patrocinio misericordioso, confío en tu palabra y espero que me prodigues las caricias de tu ternura maternal.
Destruye en mí lo que sea desagradable a la divina Majestad, ilumina mi mente por los senderos del bien; convierte mi corazón en ánfora de celestiales afectos, transforma mi conciencia, atiza el fuego del amor sobrenatural, para que yo sea templo vivo del Dios de la caridad.
Concédelo, ¡oh Madre amante!, concédelo a tu pobre hijo que te bendice, te venera y te ama.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acuérdate ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir, que alguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu auxilio y pedido tu socorro, haya sido abandonado. Animado con esta confianza a tí también acudo, ¡oh Virgen de las Vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de nuestros pecados, me atrevo a aparecer ante tu presencia soberana, no deseches mis súplicas, antes bien escúchalas y acógelas benignamente. Amén.
MES DE MARÍA
Por el Pbro. Cantu Corro. (1918).