MES DE MARÍA MEXICANO o sea LAS FLORES DE MAYO CONSAGRADAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. (1868). DÍA 20.
Decretado por Lllmo. Sr. Lic. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, así lo decretó y firmó. México 26 de Diciembre de 1851.
Librería de Rosa y Bouret, 18 calle San José el Real 18. 1868. Propiedad de los editores
DÍA VEINTE: 20 de mayo.
Visita a la Imagen de NUESTRA SEÑORA DEL RAYO, que se venera en el convento de Jesús-María en la ciudad de Guadalajara.
Las religiosas la tenían colocada en la cabecera de un ambulatorio, que quedaba sobre la portería del convento, y en la noche del día 12 de Agosto de 1808 cayó sobre ella un rayo, que la puso enteramente negra. Al estruendo terrible que produjo el rayo, acudió el capellán de las monjas, y cuando estas bajaron a la portería para abrirle, notaron que la puerta estaba cubierta de peñascos, cal, tierra y otra multitud de escombros, por lo que suplicaron al capellán que al día siguiente mandara unos peones que la desembarazaran. Fueron en efecto los peones; pero al ir a comenzar su obra, se llenaron de admiración y de pasmo, porque no pudieron comprender de dónde provenía aquella grande multitud de escombros, pues las bóvedas y paredes estaban intactas y sin la más pequeña lesión; y entonces fué también cuando notaron que estaba del todo ennegrecida la Santa Imagen, que comenzó desde luego a ser advocada con el título de Nuestra Señora del Rayo, y a cuya intercesión atribuyeron todos el prodigio que acabamos de referir.
Todos los habitantes de aquella ciudad experimentaron luego la protección y amparo de María Santísima en esta su prodigiosa Imágen, siendo muchísimos los portentos que ha obrado en su favor, de los cuales referiremos los siguientes:
Había en el mismo convento de Jesús-María una Monja llamada Sor María de Jesús, que hacía muchos años que estaba enteramente paralítica. Una ocasión, después de la fiesta que, según se dijo ya, se hace anualmente a Nuestra Señora del Rayo el día 17 de Agosto, llevaron la Santa Imágen al coro bajo, y la pusieron en el suelo sobre una alfombra para poderla desnudar con comodidad; pero la religiosa que siempre había estado encargada de hacerlo, llamada Sor María Engracia, sin saber ella misma la causa, no se atrevió a desnudar a la Santísima Virgen aquel día, sino que se quedó hasta el siguiente en el lugar dicho. Entonces Sor María de Jesús pidió que la llevaran al coro, y la pusieran a los pies de la Santísima Imágen: se le concedió, y allí permaneció hasta la hora de comer; pero ella no quiso ir a hacerlo, sino que suplicó que la dejaran sola con Nuestra Señora; y cuando las monjas salieron del refectorio, encontraron a Sor María de Jesús completamente buena, y corriendo llena de gozo por los ambulatorios; la hicieron entonces vestir con la debida decencia, fué a dar gracias a Dios con toda la comunidad, y ella misma bajó abrir la portería a los señores canónigos Padilla, Tovar y Ramírez, que fueron comisionados por el Lllmo. Sr. Obispo de Guadalajara para cerciorarse por sí mismo del prodigio.
Doña N. Gómez, también tullida hacía muchos años, vivía frente al convento de Jesús María, y una ocasión, al tiempo que Nuestra Señora del Rayo salía de la Iglesia para la portería del convento, después de su función anual, la invocó dicha señora con mucha fe, y sintió luego que la bañaba un copiosísimo sudor; salió como maquinalmente de la cama, y ya completamente buena, se arrodilló en el balcón para dar gracias a la Virgen, que en aquel momento se hallaba con el rostro vuelto hacia el balcón.
Hace muy pocos años que D. Mariano Castillo también estaba paralítico hacía más de cinco años, en términos de que estaba obligado a tener las rodillas junto a la boca, sin poderse siquiera sentar en alto; de suerte que después de haber visto a casi todos los médicos, resolvió ya no volverse a curar. Un día, estando muy afligido, rogó de todo corazón y con grande confianza a Nuestra Señora del Rayo, que le diera la salud; sintió luego que comenzaba a sudar abundantemente, y ya pudo sentarse en una silla baja, después pudo también hacerlo en una más alta, y por fin, se vio completamente bueno.
VIDA DE MARÍA
María durante la predicación del Salvador.
RETIRO DE MARÍA
María, bellísimo Alhelí.
(Cheirantus cheiri)
¡Humildísima y modestísima Virgen María, mi Señora! hoy te contemplamos admirados en tu oculto albergue durante la gloriosa predicación de tu Santísimo Hijo, y te rogamos con el mayor encarecimiento, que te dignes hacernos fieles imitadores del ejemplo que con esto nos diste, haciéndonos conocer la vanidad de las perecederas glorias del mundo, para que las huyamos, y en su lugar abracemos la Cruz de Jesucristo; y para conseguir esto, envía sobre nuestros corazones un rayo de la divina gracia para que los renueve, destruyendo enteramente al hombre viejo, asi como renovaste a tu Sagrada Imagen del Rayo, y entonces, cumpliendo en esta vida con la ley de Dios, iremos a la otra a bendecirte y acompañarte por todos los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días antes de la meditación.
Advierte, alma mía, que estás en la presencia de Dios, mas íntimamente presente a Su Majestad, que a ti misma. Está mirando él Señor todos tus pensamientos, afectos y movimientos interior y exteriormente. Lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más: pobre, miserable é inmunda, con la abominable lepra de todos los pecados con que has ofendido hasta aquí su infinita bondad. Pero el Señor, obligado del peso de su misma infinita misericordia, desea más que tú misma darte el perdón general de todas tus culpas y el logro de esta meditación. ¿Qué hicieras, si supieras que era la última de tu vida? Puede ser que no tengas otra de tiempo tan oportuno. Ahora puedes conseguir con un pequé de corazón, lo que no conseguirán con eterno llanto los condenados en el infierno, que es el perdón de tus pecados. Alerta, pues: no pierdas tiempo tan precioso, por amor de Dios.
Creo, Señor, que estáis íntimamente presente a mi corazón. Os doy las gracias por los innumerables beneficios que he recibido, y recibo en cada instante, de vuestra infinita liberalidad y misericordia, especialmente porque me habéis conservado hasta aquí la vida, habiendo yo merecido tantas veces las penas del infierno por mis pecados. Concededme, Padre amorosísimo, un corazón agradecido a vuestras grandes misericordias, y el logro de esta meditación, a mayor honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Esté yo en vuestra divina presencia con la humildad, atención y reverencia de alma y cuerpo que corresponde en una vilísima criatura, cual yo soy, que tantas veces os ha despreciado con ofenderos en vuestra misma presencia. Detesto de todo corazón mis pasadas ingratitudes; las aborrezco, por ser ofensas de vuestra infinita bondad: me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois. Quisiera deshacer todos mis pecados, por ser desprecio de un Dios infinitamente bueno. Dadme, Criador y Dueño mío amabilísimo, verdadera contrición de todos mis pecados, y propósito firmísimo de la enmienda.
Bien conozco que no hay en mí otra cosa que la nada, y sobre la nada el pecado. No soy en vuestra divina presencia más que un condenado, y condenado tan innumerables veces, cuantas he repetido las ofensas de vuestra infinita bondad. Compadeceos, Dios mío, de mis tinieblas: no permitáis que pierda tiempo tan oportuno. Enseñadme a tener oración; regid mi memoria; alumbrad mi entendimiento; moved mi voluntad. Obligaos de vuestra misma bondad y de los méritos infinitos de vuestra Santísima vida, pasión y muerte, y de los méritos é intercesión de vuestra Santísima Madre. Poned, Señora, en mi corazón aquellos pensamientos, afectos y determinaciones que son del agrado de vuestro Santísimo Hijo.
MEDITACIÓN
1º—Contemplemos admirados la belleza de María: observémosla cerca del Salvador siempre que padece, desde Belén hasta el Calvario, y lejos de su Majestad siempre que es enaltecido.
2º—Imitemos tan santo ejemplo, seguros de que, al hacerlo, marchamos por el único camino que puede conducirnos a la felicidad eterna y aun temporal, pues las glorias y grandezas del mundo no son más que humillaciones y pesares, y su persecución una dicha muy grande, porque no puede tocar ni el alma ni el corazón.
3º—Continuemos pensando en la vanidad de las glorias del mundo, recordando todos los placeres, de cualquiera especie que sean, todas las riquezas, todas las elevaciones, y, en suma, todos los que el mundo llama bienes que hayamos tenido en la vida, y veremos que son más deleznables que la arena, mas fugaces que el relámpago, etc.
ORACIÓN
Que se dirá todos los días después de la Meditación.
¡Clementísimo Dios y Señor de mi corazón! ¡dulcísimo Jesús mío! ¡sacramentado dueño de mi alma! Os doy las gracias con todo el afecto de mi pobre corazón, porque me habéis concedido este tiempo para que medite. Perdonad, Señor, las distracciones, negligencias, flojedad y todos los demás defectos en que he incurrido en esta Meditación: quedo en ella convencido.... y resuelto.... Conozco que todos mis pecados, aunque tan enormes, no pueden extinguir vuestra infinita bondad: en ella espero firmemente que me habéis de ayudar con vuestra gracia, para que eternamente os ame, os sirva, conozca y ponga por obra vuestra santísima voluntad. Asi lo espero de vuestra infinita piedad y misericordia, y de los méritos y poderosísima intercesión de vuestra Santísima Madre.
—Ave María.
CANTO
Asombrando los cielos y la tierra,
Y al hondo y fiero abismo
Que le hace cruda pero inútil guerra.
A su palabra santa
El ciego ve la luz, anda el tullido,
Tiene consuelo el misero afligido,
Y las puertas quebranta
El muerto del sepulcro, y se levanta;
Y toda la natura reverente
A Jesús obedece prontamente,
Y victoria a victoria
En su carrera espléndida eslabona;
Y viendo tanta gloria
Cantos el pueblo en su loor entona,
Y de David el grande
Ceñirle quiere la imperial corona.
¿Y en medio a tanta dicha,
A tanto aplauso y á victoria tanta,
Irá su Madre Santa
Compartiendo con él esa ventura,
Como partiera siempre la amargura?
No, que humilde y modesta
Bien sabe que la gloria es humo vano,
Que se disipa luego
Cual de relámpago el violento fuego;
Y vive en su retiro solitario,
Que vuelvan, esperando,
Los tiempos de pesares para su Hijo,
Y de dolor entonces espirando,
De verla habremos con afán prolijo
En las sangrientas rocas del Calvario.
PRÁCTICA PARA MAÑANA
Pronuncia respetuosamente el nombre de María, siempre que oigas dar alguna hora.